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Ideas Preconcebidas

A los seres humanos nos encanta juzgar. Seguro que muchos de nosotros vamos por la vida diciendo cosas como “A mí me da igual lo que cada cual haga con su vida” o “Vive y deja vivir” o (mi favorita personalmente) “Chica, mientras no haga daño a nadie, ¿qué más da?”

Pues siento cortaros el rollo pero, en el fondo, juzgar está en nuestro instinto. Juzgamos a las personas, a los lugares, al arte, a los políticos, a los deportistas y, sobre todo, a las experiencias de la vida. Si os paráis a pensar un segundo, os daréis cuenta de que cuando pasamos o sabemos que vamos a pasar por algún tipo de situación que se salga un poco fuera del típico levantarse-trabajar-dormir, nos creamos nuestras expectativas sobre ello  en la cabeza.

No digo que esto me parezca mal. Sería hipócrita escribir algo así cuando yo me hago ideas preconcebidas constantemente. Simplemente, me parece curioso, porque ¿de dónde narices vienen estas ideas?

Hace dos semanas me ingresaron en el hospital. Fue algo repentino y bastante duro porque la verdad es que el sistema de sanidad inglés me pareció super caótico y nada favorable para el paciente. A la semana me sacaron del hospital, volví a casa con mi familia y he estuve allí dos semanas descansando mucho hasta el finde pasado tuve un evento familiar por el cual estaba muy nerviosa porque tenía la experiencia del hospital muy reciente en mi subconsciente.

¿A qué viene esto? Pues a que tanto cuando estaba en el hospital, como cuando volví a casa y cuando tuve el evento familiar, tenía ideas en mi cabeza de que como tenían que ser las cosas: Mis padres tenían que hacer “a”, mi padrino y su mujer “b”, mi abuela “c”, mis amigos “d”, unos primos “e”, otros “f”, otros primos “g”, otros “h”, mis tíos “i” y mi hermano “j”.

Al final solo el 25% de esas se cumplió. El resto, a veces para bien y otras para mal, rompió mis esquemas por completo. Con las que fueron para bien, me he quedado emocionada y gratamente sorprendida. Con las que fueron para mal, pues me quedé chafada y todavía no sé muy bien cómo debo reaccionar ante estas respuestas (si es que debo reaccionar de alguna manera).

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Así que, vuelvo a mi pregunta anterior, ¿de dónde narices vienen estas ideas?. En parte, creo que es porque proyectamos en la gente las expectativas que tenemos con nosotros mismos. Si alguien no te llamó en un momento malo y te enfadas, es porque tú crees que tú hubieses llamado. Si alguien te habla en un evento social y te sorprendes, es porque tú no hubieses hablado con alguien que se hubiese comportado como tú.

Dependiendo de dónde te pongas tú el listón, nuestras ideas preconcebidas pueden llegar a ser exigentes con los otros o crueles con nosotros mismos. Pero, por otro lado, esperar ciertas respuestas de determinadas personas, no creo que sea algo tan exagerado ¿no? Si al final tú no tienes unas ciertas expectativas, te arriesgas a que alguien te trate como si no fueses nada. Y eso tampoco está bien.

Pero, ¿dónde está el límite entre “tengo esta idea preconcebida para protegerme” y “tengo esta idea preconcebida porque tengo un ego gigante y todo el mundo tiene que actuar para hacerme feliz”? Yo todavía no lo he encontrado y hay casos en los que creo que no lo voy a encontrar en ningún momento cercano.

Hablando con alguien de esto hace poco, me dijo una persona que es que yo esperaba mucho de la vida y lo mejor es no esperar casi nada y dejar que pase lo que tenga que pasar. Pero yo no estoy de acuerdo.

Por estas ideas preconcebidas sé que tengo que estar eternamente agradecida por ciertas personas en mi vida. También sé que hay gente que te puede sorprender para bien y que puede que no estén allí en cada minúsculo momento de mi vida, pero que eso no significa que no se acuerden de ti o que no les importes. Por otro lado, he descubierto que hay gente que está para todo menos para lo que consideres importante. Y que, aunque eso haga daño, por lo menos te has dado cuenta de qué prioridades tienen y sabrás que hay ciertos planes de futuro en los que ellos no te acompañarán. Finalmente, he descubierto que hay gente que demuestra ser tal y como dice, y eso, en un mundo donde tenemos filtros de más, es todo un lujo.

Así que aunque no todos sabréis en qué categoría estáis. A los que no habéis estado tanto como esperaba: perdón. Perdón por haberos puesto el listón tan alto que no habéis sido capaces de estar a la altura y perdón por si os sorprendéis cuando vuestro papel en mi vida cambie. No es algo personal, pero es que yo también tengo prioridades.  Y a los que habéis estado: gracias, gracias y mil veces gracias. Qué bonito es saber que no siempre estoy sola. No sabéis la ilusión que hace tener a gente que te recuerde lo bueno de la vida cuando estás en sus momentos más bajos.

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