Viajes y Experiencias

Cada paso queda menos

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Cuando era pequeña y me iba de excursión a algún sitio con muchas cuestas o con muchas escaleras lo pasaba fatal. Me acuerdo de la sensación que me entraba en el momento en el que me paraba al pie de una subida y me quedaba mirando la cima totalmente aterrada mientras la mayoría de la gente seguía adelante sin pensárselo dos veces. Sin otro remedio que seguir ejemplo porque, obviamente, siendo niña no me iba a quedar sola mientras todo el mundo se iba a la aventura, me acuerdo de ese pensamiento, no expresado en voz alta, que tenía cada vez que empezaba una nueva subida de “a mí no me queda muy claro que de está vaya a salir entera”. Sobre todo, me acuerdo de cada una de las veces que alguien se paraba a mirarme lo suficiente como para saber que no estaba en el mejor de mis momentos y me decía “venga, no te rindas que ya casi estamos. Cada paso queda menos”, a la vez que me ofrecía una botella de agua, algo de comer o una gorra para protegerme del calor.

Estas últimas semanas me estoy repitiendo esa frase a diario. Entre el pánico mediático y la incertidumbre institucional, es difícil no dejarse llevar por la corriente y, o bien entrar en absoluto pánico, o bien pasar de todo y seguir por la vida como si nada. Desde que soy pequeña he afrontado las situaciones médicas no con miedo, si no con respeto. Siempre he creído, y esto es opinión completamente personal, que el miedo puede llegar a dominarte a ti y hacerte actuar de manera a la larga perjudicial. El respeto, te hace admitir que una situación no es exactamente la ideal (por decirlo de alguna manera positiva) pero, a mí por lo menos, me hace actuar de manera más sensata de lo habitual sin perder la esperanza de que de saldré de esa situación.

Desgraciadamente creo que ya es difícil negar el hecho de que estamos, hablando mal y claro, jodidos. Aunque tengo muchas críticas hacia muchos sectores de la sociedad global, creo que ya ha pasado el momento de echar culpas y poner todos de nuestra parte. Creo que ese chip de “esto está siendo exagerado para beneficiar económicamente o socialmente a alguien” o  de “¿quedarme en casa, yo? ni de coña, que me dará algo”, va siendo hora de sacarlo a patadas de nuestras mentes. Creo que hay que re-enfocar nuestra actitud general hacia los cambios que tenemos que hacer (en presente y de manera menos gradual de la que nos hubiese gustado a la mayoría) y adoptar una mentalidad un poco más dispuesta para poder ayudar a la sociedad, a todo el personal médico, y a la larga a nosotros mismos.

Creo que es necesario que, quien no lo haya hecho ya, se siente un momento en el sofá de su casa este fin de semana y se tome un ratito para reflexionar cómo hacer una limonada figurada de estos limones amargos que nos ha dado la vida recientemente. Creo que es momento de tomar una actitud de respeto, de ser sinceros con nosotros mismos y admitir qué podemos hacer para ayudarnos a todos a salir de esta de la mejor manera posible (sugerencia: no comprar en momento de pánico como si fuesen las rebajas de enero y quisiésemos dejar al que viene detrás sin ese prenda tan mona que a tan buen precio está). Aunque no nos guste, nos toca una temporada en la que vamos a tener que encontrar lo positivo en lo predecible de la vida; la aventura que tanto buscamos todos y que tan de moda se ha puesto estos últimos años, va a consistir en volver a descubrir los placeres de una vida más tranquila, menos juerguista y, para que negar lo obvio, más vivida en el interior de nuestras casas. Creo que estaría guay que durante un tiempo tengamos un poquito más en mente a todo el personal médico que va a estar a pie de cañón, intentando hacer lo posible para que podamos salir de está situación de la mejor manera posible; pongámonos como meta apreciar cada esfuerzo, por minúsculo que sea, que están haciendo ellos para afrontar este caos imprevisto.

Todos y cada uno de nosotros estamos ahora mismo delante de una cuesta. De nosotros depende si la subimos y cómo lo hacemos. Si queremos, podemos arrimar (el codo, obviamente) y subirla juntos paso a paso para hacer de la subida una experiencia más llevadera. Con suerte, aquellos que nos guían serán lo suficientemente responsables como para no llevarnos por un camino más difícil de lo necesario. La cima existe, aunque en estos momentos se vea lejana y rodeada de piedras que a todos nos gustaría evitar, pero las vistas que tiene van a ser, sin duda alguna, espectaculares. Así que respirad hondo, pillad cada uno vuestra propia botella de agua y una gorra, y poned un pie detrás del otro, que cada paso queda menos.

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